Hay lugares que parecen atrapados en una pausa perfecta, donde cada piedra cuenta una historia de fronteras y batallas. Ciudad Rodrigo, al suroeste de Salamanca y a un paso de Portugal, es uno de esos rincones donde pasear se convierte en un viaje en el tiempo.
Rodeada por una impresionante muralla abaluartada del siglo XII (reformulada en el XVIII con su característica forma de estrella), la villa conserva intacto su carácter monumental:
- El paseo por adarve: Recorrer sus más de dos kilómetros de muralla al atardecer regala unas vistas espectaculares del río Águeda y del entorno de la dehesa salmantina.
- Patrimonio en cada esquina: Desde la majestuosa Catedral de Santa María hasta el Castillo de Enrique II de Trastámara (hoy Parador), sus calles empedradas están salpicadas de palacios renacentistas y casas señoriales.
- Gastronomía con identidad: Imposible irse sin probar las farinatos (el embutido estrella de la zona, ideal con huevos fritos) o disfrutar de un buen tapeo en los soportales de su Plaza Mayor.
Además, nuestra estancia coincidió con una bonita fiesta, la del Martes Mayor.
La tradición comercial de Ciudad Rodrigo se remonta al siglo XV, cuando los Reyes Católicos concedieron a la villa el privilegio de celebrar un mercado franco todos los martes, una cita semanal que hoy en día sigue llenando sus plazas de ambiente, hortalizas, embutidos y artesanía local.
De esta costumbre centenaria nace el Martes Mayor, la gran fiesta del comercio mirobrigense que se celebra cada año el segundo martes de agosto:
- El Martes Mayor: El casco histórico se transforma en un enorme mercado al aire libre. Cientos de comerciantes y artesanos sacan sus puestos a la calle ataviados con trajes tradicionales, acompañados de música folclórica, concursos y degustaciones gastronómicas.
- El Martes Chico: Como preludio, el primer martes de agosto se celebra esta versión centrada en la zona comercial de La Glorieta, sirviendo de aperitivo para la gran cita de la semana siguiente.
Es una de las festividades más queridas de la comarca, donde la historia mercantil del municipio cobra vida de la forma más festiva y participativa.













